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Origami, terapia para armar

 

Seguramente, habremos oído en algún momento sobre la sensación placentera que genera la acción creativa, incluso probablemente también la hayamos experimentado. Podremos afirmar entonces que, entre la infinidad de beneficios que ofrece, crear relaja, dispersa el stress y permite enfocar la concentración en esa pieza que nace en la infinidad de soportes que el arte recibe.

El origami, como práctica creativa, admite y despliega todas esas virtudes. Generosa en sus alcances, la técnica del plegado de papel sorprende y despierta el disfrute en grandes y chicos. Pero a esos aspectos positivos intrínsecos al arte, se suman una serie de propiedades que convierten al origami no solo en una forma fabulosa de divertirnos sino también en una herramienta excelente para utilizar con fines terapéuticos, tanto con chicos como con adultos mayores. Entre esas propiedades podemos mencionar:

-Nuestras manos entran en una suerte de gimnasio, ya que debemos usar las dos al mismo tiempo. Además, los dedos deben ejercer diferentes presiones y pueden experimentar y distinguir distintas texturas de papel. Esto promueve la estimulación del sentido del tacto.

-La incorporación de las nociones de arriba, abajo, derecha, izquierda propicia la definición del esquema corporal y la percepción de la simetría, dato importante para el caso de los niños.

-La memoria y el registro de la secuencialidad también entran en acción, ya que se debe aprender a incorporar los pasos de plegado y a respetar la secuencia necesaria para lograr la figura.

-Los sentidos se encienden: primero, escuchar las instrucciones. Luego, coordinar mano-ojo para desarrollar la acción y, al tiempo, el registro táctil se pone en marcha para completar la tarea.

-Plegar y desplegar nos acerca a la idea de prueba y error y entonces permite ensayar estrategias para lograr el objetivo. Plantear, hacer, evaluar y reformular, son ejercicios necesarios para desarrollar el proceso. En este planteo también entran los otros. El intercambio con compañeros para aprender o enseñar pasos, la necesidad de esperar y el desafío de ser esperado facilitan el proceso de socialización y estimulan las dinámicas dentro del grupo.

Ahora bien, ¿en qué medida el origami puede ayudar? No nos pondremos rigurosos aquí con nociones del universo de las neurociencias o de la psicología, pero podemos mencionar algunos de los ámbitos en los que ha colaborado ofreciendo excelentes resultados. La psicóloga española Cristina Belló, especializada en psicogeriatría, utiliza por ejemplo la técnica del plegado de papel para el entrenamiento de la memoria en adultos mayores. La tarea de estimulación no solo permite que la persona se sienta bien con los resultados alcanzados sino que el solo hecho de realizarla promueve el disfrute y la sensación de estar activo y ser competente en una actividad.

En el caso de los chicos, la papiroflexia es sumamente eficaz para el abordaje de los denominados déficit de atención, en buena medida por el entrenamiento que provee en la planificación de las acciones y en la experimentación de la secuencialidad. También es sumamente positivo en los casos de chicos con dificultades para la comunicación, ya que se convierte en medio de expresión y habilita la entrada a su universo de emociones y sentidos, si se trabaja por ejemplo desde la creación de contextos para las figuras.

Con su despliegue de posibilidades, el origami se convierte entonces  en herramienta de lujo para el arte terapia y abre la posibilidad de armar nuevos caminos en los procesos de rehabilitación.

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