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Abrir el mapa, plegar un mundo

Abrir el mapa, plegar un mundo

 

Seguramente, muchos de los que elegimos el origami como forma de vida y medio para transformarla nos hemos enfrentado alguna vez a la gran pregunta…¿”de dónde viene el origami?”
Tal inquietud nos instala en la situación compleja de tener que ensayar una respuesta sintética y resumida. Un simple “de Japón”, bastaría para acotar a cero el espíritu curioso del interlocutor de turno. Pero lo cierto es que se trata de un tema bastante más complejo que tiene vericuetos en el tiempo y recorre más de una geografía. Y, conjuntamente con sus orígenes en el mapa, deviene una serie de transformaciones en sus modos de ser y claramente de hacer que van de la mano con modificaciones en la manera de concebir el mundo de quienes lo han practicado. Podemos aventurar que esta fascinación por doblar papeles que hoy suma tantos adeptos en el mundo del diseño, la arquitectura, la educación o en el de las formas de divertirse, no siempre tuvo estos mismo usos así como tampoco los mismos fines. Es que lo que hacemos tiene sentido para nosotros en relación a nuestro tiempo, nuestra forma de ver el mundo, a la forma de descubrirlo y de significarlo.

Si nos referimos al uso de las palabras, deberemos saber que es recién a comienzos del siglo XX que la técnica de plegado de papel comienza a llamarse origami, coincidente con la era japonesa denominada Showa (1926-1989). ¿Y antes? Pues con otros nombres, el plegado de papel ha estado presente en la historia nipona desde tiempos muy antiguos. En su artículo sobre historia del origami¹, Hatori Koshito describe este proceso y señala que la mención más antigua de la palabra origami es en un poema de 1680, en el que se hace referencia a un modelo de mariposa que era utilizado en las ceremonias de boda. También la clase samurai lo incorporó como parte de sus prácticas ceremoniales.

Pasó el tiempo y los dobleces comenzaron a llegar a otras manos que los aprendieron y transmitieron inicialmente de persona a persona. También se modificó su uso y los modelos ceremoniales dieron paso al surgimiento de otros cuyo fin fue básicamente recreativo. Pero  esto no sucedió sino hasta el siglo XIX, tal como apunta David Lister en uno de sus artículos abocado a revisar algunas concepciones sobre la historia del plegado de papel².

Ahora bien, resulta que otros mapas desplegaron su creatividad sobre las hojas y crearon sus propias estrategias de plegado. La papiroflexia en España, parece tener sus antecesores en los Moros, quienes la utilizaron como herramienta para estudiar geometría. Más tarde en el tiempo y unos kilómetros al noreste, Frederich Fröebel, creador del Kindergarten, sumó el plegado para enseñarle a los niños los principios de la geometría, en el marco de lo que denominó ocupaciones, cuyo fin era preparar a los niños para la vida. Del plegado fröebeliano nos llega por ejemplo la base molino.

Sin adentrarnos en los dobleces profundos de la historia del origami, podemos ver hasta aquí que lo que a veces consideramos dado y asociado a un solo lugar tiene por cierto pliegues ocultos que, al revelarse, dan luz sobre la complejidad de los procesos. Actualmente, llegan a nosotros formas de plegar cuya herencia cruza océanos, sube montañas y desciende valles. La riqueza de los encuentros y los préstamos se ha transformado en molinos de viento, ranas saltarinas, grullas voladoras y un sin fin de figuras que guardan en sus pliegues la magia de crear, donde sea que estemos.

 

1 http://origami.ousaan.com/library/historye.html
2 http://www.britishorigami.info/academic/lister/errors.php
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